Sweet Revenge parte 4
Se le ocurrió llamarlo, buscó en su bolsillo pero no encontró ese maldito celular que siempre la había llevado con prisa a todos lados, y de repente decidió salir a buscarlo, por mas fuerte e independiente que ella se creyese, por mas madura que pensara que era necesitaba que él la abrace y le diga que todo iba a estar bien. Fue a la casa de él pero no encontró a nadie y ahí empezó a caminar sin rumbo nuevamente sintiéndose vacía por dentro aunque irónicamente no lo estuviese, paso por su antigua escuela y pensó en entrar pero no lo hizo, siguió caminando y sin que ella se diera cuenta el camino la llevó a su casa donde sentado en el escalón de la entrada estaba sentado él.
Sabía que en algún momento ibas a terminar viniendo acá le dijo él. Te estaba buscando dijo ella y sin pensarlo se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza. ¿Qué pasa amor?. Nada solo te necesitaba. ¿Segura?. No, tengo algo que decirte. Ajam dijo él abrazándola todavía sin poder darse cuenta de que sobre su rostro rodaban una gran cantidad de lágrimas. Estoy embarazada dijo sin pensar en las consecuencias que esa revelación causaría. El la abrazó fuertemente y por toda respuesta dijo: Te amo.
Ella se conformó con eso, no esperaba mucho mas de él sabiendo como era él y lo que pensaba acerca de eso, pero la voz de él sonó como un suspiro en su oído como si no quisiera ser oída o como quisiera que pasara por inadvertido lo que decía, como si estuviera resignado a su destino, como si maldijera al mundo por no dejarlo vivir su vida como el hubiese querido, por haberle arrebatado uno de los momentos mas importantes de su vida, por no dejarlo casarse con la mujer que amaba.
Estuvieron abrazados por algunos minutos, sin darse cuenta de que el tiempo pasaba y que jamás volvería, pero ellos eran felices así. En ese momento recordó todo lo que habían pasado juntos, todas esas noches que se amaron y que no importaba todos los problemas que cada uno tenía, como confiaban uno en el otro sin importar nada, como de alguna forma todo eso se le escapaba de las manos, como moría lentamente por dentro.-
Sweet Revenge parte 3
Sweet Revenge parte 2
Sweet Revenge parte 1
Y ahí estaba ella. Sentada en ese rincón invisible de su habitación con los brazos apretados alrededor de sus piernas. A través de la persiana se traslucían los rayos del imponente sol, que intentaban demostrarle que a pesar de todos los problemas que ella tenia, el mundo seguía girando y cada persona, incluso ella aunque no quisiera, seguía respirando. Desde el otro lado del cuarto sintió como esos ojos marrones la miraban de forma insistente, perturbadora, muerta. Esa era la palabra muertos, estaban muertos y ya nada podía hacer. Quiso llorar, pero supo que de esa forma no iba a lograr nada más que sentirse más sola aún. Tanteo el suelo a su lado en busca de la botella de ron a la que seguramente culparía por la muerte de esa persona que se encontraba en el lugar incorrecto en el momento incorrecto, pero sin querer toco el arma. Volvió a sentir la maravillosa sensación de apretar el gatillo y ver como ese hijo de puta se retorcía en el piso, sintió nuevamente esas ganas de reírse a carcajadas como los malvados de las novelas. Corrió la mano instintivamente. Rápidamente se incorporó y chocó su cabeza con el aparador, tirando al suelo todos esos portarretratos en los que se veían tres personas felices, sin preocupaciones, falsas. Maldijo al aire y se acercó a la puerta volvió a tener esa sensación de que alguien la miraba, no podía soportarlo más. Corrió hasta el garaje, busco el bidón de nafta que ella sabia que estaba ahí. Y lo vació alrededor de toda la casa y especialmente sobre el cuerpo.
Salió de la casa y miró a su alrededor toda la gente corría de un lado a otro desesperada, sin sentido, con las maletas llenas de cosas materiales inservibles ¿Para que las llevaban? Si en el fondo todos sabían que no iban a sobrevivir de esa noche, que después de que sonaran las doce campanadas de la catedral todos los que aún no estaban muertos tendrían que encomendar sus almas al Señor y pedir misericordia. Volvió en si a causa de un escalofrío, miró esa casa extraña para ella en ese momento, metió la mano en su bolsillo y sacó el encendedor que le había regalado su abuelo para su décimo quinto cumpleaños, lo miró detenidamente, leyó esa extraña dedicatoria, nunca había tenido tanto sentido como en ese preciso momento en el que se dio cuenta de que jamás la había entendido, jamás se había dado cuenta de que su abuelo sabía que ella iba a terminar haciendo eso… lo prendió y lo soltó con un empujón sobre la casa que empezó a arder en las llamas. Nadie pareció darse cuenta de que una casa se estaba incendiando, ese frenesí conjunto que padecía el mundo para esa hora era terrible, en pocas palabras: era el fin del mundo y mientras todos los seres humanos, si es que se los podía llamar de ese modo, intentaban salvar su propio pellejo, ella estaba haciendo eso que no se había animado a hacer nunca, VIVIR.